Escucha.

No me digas que es imposible ser latina cuando me falta la piel morena y el pelo negro.

¿Oyes a mi mamá, mi abuela, y a mí, charlando en español cuando cocinamos en la cocina?

Escucha.

No me digas que, para mí, es fácil sacar buenas notas en español.

¿Oyes el silencio en mi cuarto cuando estudio?

Escucha.

No me digas que soy  intolerante ni crítica porque soy cristiana.

¿Oyes a los jóvenes de la iglesia ayudando en un asilo de ancianos?

Escucha.

No me digas que todos los hijos de pastores siempre se convierten en rebeldes.

¿Oyes la voz de razón en mi cabeza?

Escucha.

No me digas que todos los corredores son tan delgados como los lápices.

¿Oyes los fuertes latidos de mi corazón después de una carrera?

Escucha.

No me digas que no me merezco estar en el coro avanzado.

¿Oyes esa voz cantando en Madrigals y Bellachords?

Escucha.

No me digas que debo ser doctora ni abogada.

¿Oyes la risa de los estudiantes de LABBB y del primer nivel?

Escucha.

No me digas que los veranos son solamente para broncearse y estar de parranda.

¿Oyes el estruendo de las olas cuando paso horas y horas en la playa buscando caracoles y leyendo?

Escucha.

No me límites.

Escucha.

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